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El grito del Bocha. El Gráfico, 2 de diciembre de 1986.

“Creo que me la dio Reinoso, recibí entre dos defensores, lo vi un poco adelantado al arquero, apunté al ángulo y se la tiré por arriba”. Ricardo Enrique Bochini explicó así su gol, así de simple...

- Bocha, estos goles son raros en vos.
- El año pasado le hice uno así a Chacarita, y uno a Estudiantes en la Copa de 1984. Mis goles son así, por arriba del arquero, o por abajo a una punta...

- Lo gritaste mucho...
- Lo grité como nunca, porque estaba difícil, porque era Racing, por muchas cosas juntas. Yo no voy a gritar un gol cuando vamos 4-1 y meto el quinto, pero en un partido así... Y además me gustó mucho el gol.

- ¿Independiente te gustó?
- Sí, me gustó una barbaridad, si aguantábamos un poco más jugando como en los primeros 25 minutos del segundo tiempo, el partido terminaba 3 ó 4 a 1. Pero es difícil mantener ese ritmo con el que entramos. Los últimos 20 minutos nos fuimos un poco atrás, jugamos al contraataque en vez de pararnos más adelante y buscar más.





Fragmento de una entrevista realizada por Jorge Barraza a Jorge Solari, publicada por la revista El Gráfico el 31 de octubre de 1989.

“ - Yo sostengo que así como Boca ha creado una mística de su convocatoria, de su hinchada única, Independiente ha creado otra, la de su estilo, la de sus triunfos, la de su manejo lúcido, la de sus dirigentes honestos, ¿vos sentís esa mística?
- Sí, es verdad, existe eso, pero ojo que un porcentaje de esa mística la creó Bochini, ¿eh? Hace diecisiete años que Independiente gana todo, juega bien, lleva gente, y mucho de eso es gracias al Bocha. El día que se retire, Independiente va a tener que buscar otro en forma urgente. Si no lo tiene tendrá que comprarlo, gastar tres millones de dólares, lo que sea.

¿Pero quién tiene tres millones de dólares?
- No sé, pero para un club como Independiente y para lo que puede dar otro Bochini, tres millones de dólares no son nada.

- Vos dijiste que por cinco años Independiente no va a tener que gastar en jugadores
- Es verdad, tenemos una base muy buena, las inferiores andan bien, Santoro y Pavoni están haciendo un gran trabajo, pero yo hablo de un Bochini. No veo otro, va a haber que buscarlo en otra parte, tiene que haber.

- Le das una importancia vital, por lo que veo.
- ¿Qué te parece? Si no hubiese existido Maradona hoy Argentinos sería como Atlanta, ni más ni menos. Mirá Boca, en el ´80 perdía todos los partidos por cinco goles, la gente se reía. En el ´81 trajo a Maradona y fue campeón. Tan impactante fue lo de Maradona que Boca lleva nueve años sin un Campeonato y mantiene intacta la popularidad. Esos tipos cambian la historia de los clubes.

- Parece que lo descubriste acá al Bocha...
- Claro, porque de rival, viéndolo en noventa minutos dos veces por año uno no alcanza a descubrir la importancia de este hombre, hay que verlo todos los días. Nosotros siempre decimos lo mismo, lástima que lo conocimos a los treinta y cuatro años.

- Hace poco nos contaste a Juvenal y a mí una linda anécdota del Bocha, recordala.
- Fuimos a jugar un amistoso a Pergamino para pagar los trajes que tiene el plantel. Una cancha llena de pozos, cuatro velas como iluminación. No le salió nada en el primer tiempo y entonces empezaron los de Boca, los de River de allá de Pergamino: “Salí, pelado, andá a cuidar los nietos”. Yo dije éste para el segundo tiempo me pide el cambio. Vi a mil estrellas borrarse en casos así. Incluso le pregunté yo si seguía. “Sigo, sigo”, me dijo. Entró y metió tres caños, dos pases de gol y ganamos 3 a 0. Dio vuelta el espectáculo, dio vuelta todo. Saltaron los hinchas de Independiente con el “Bo-Bo-chini”. Hasta los mancos aplaudían . Él quiere siempre y no se achica por nada.”




¡DETENTE! Aquí nació el fútbol. Revista El Gráfico. 14 de octubre de 1986.


Pocos jugadores, en la historia del fútbol, han logrado entre sus hinchas la adhesión apasionada que despierta el Beto Alonso. Sin embargo, la idolatría que propicia Ricardo Bochini entre los adictos rojos es todavía superior.
Carlos Larocca, funcionario del servicio exterior, hasta ahora agregado en la Embajada Argentina de París, próximamente en Madrid, es uno de los “bochinófilos” más fervorosos que conocemos. Asistió a su surgimiento cuando Independiente ganó la Copa Libertadores frente a Colo Colo de Chile, en Montevideo. El día que arrancó desde Corrientes con toda su familia en una avioneta, no pudo seguir a causa de la niebla cerrada, descendió en territorio uruguayo y finalmente llegó al estadio Centenario en auto cuando estaba por iniciarse esa final. Cuando Bochini ganó su sexta Copa Libertadores, Carlitos Larocca le regaló una réplica en plata del trofeo continental, hecha por un orfebre peruano.
Pero hay un amigo de Larocca que le mata el punto. Es Juan Nougués, quien vio por primera vez a Independiente en la década del treinta, cuando su padre era el Gobernador de la provincia de Tucumán y los rojos visitaron el Jardín de la República.
En aquella época jugaban para Independiente cracks de la estatura de Arsenio Erico, Antonio Sastre y Juan Carlos Corazzo. Desde ese día se hizo hincha del club de Avellaneda, y hoy su ídolo es Bochini.
Un año atrás, Johnny Nougués le mandó a Larocca una carta encabezada así: “Año 1985 del nacimiento de Cristo, año 31 del nacimiento de Bochini...” Y ahora tiene un proyecto singular: piensa adquirir la casa de Zárate donde nació el Bocha para convertirla en un museo. Y explica: “En el frente pondré una llama votiva y un cartel que diga: ‘DETENTE, CIUDADANO: AQUI NACIO EL FUTBOL...’ ¿Fanático yo?



A BOCHINI

¿Quién podrá agradecerte la alegría?
¿Cuántas voces precisa el verso mío
para decir la agreste poesía
que dibuja tu tranco de baldío?

Y el Chaplin que llevás, y esa estatura
De gigante pequeño, y la burbuja
Que suelta el malabar de tu diablura,
Cuando metés un “caño” en una aguja.

¿Quién podrá devolverte tanta fiesta?
¿Con qué pagar tanto gozoso instante
que nos dieron, che Bocha, a toda orquesta,
la pelota y tus pies calzando guantes?

Si habrás llenado tantas tardes mustias,
Lujoso de arabescos y reflejos
Que desataban nudos, mufa, angustias,
O sacaban un gol como un conejo

Los magistrales quiebres de cintura,
El amague feliz, la gran pirueta
De esconder la pelota, o la locura
De bordar media cancha con gambetas.

Y luego el “Bo-Bochini” como premio
Bajando desde el grito de la hinchada.
Cuando en el verde se soltaba el genio,
Chispeando el resplandor de otra jugada.

¡Grande, Bocha...!, vos no pasaste al bardo.
Si habrá que darle juego a la memoria
Para dejar tu estirpe a su resguardo,
Subiendo por el rojo de tu gloria.

Cuando no salgas más entre los once,
Serán los lagrimones del rocío
Los que en el pasto lloren y allí, entonces:
¿Con qué se llenará el domingo mío?

Cuando la “diez” del rojo no te abrigue,
Yo buscaré en la tarde dominguera
-en la función que, pese a todo, sigue-
la semilla que siembre tu madera.

Buscaré por potreros y distancias,
En los picados donde floreciste
Y hasta que no reencuentre aquella magia,
Aunque no se me note, andaré triste...

HECTOR NEGRO/1987




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