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El Gráfico - 12 de diciembre de 1989. Por Jorge Barraza, Daniel Arcucci y Daniel Galoto.


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El Bocha cumplió 600 partidos en primera el mismo día que Independiente ganó la rueda inicial del Campeonato.

Es ídolo a pesar suyo, se sabe, pero esta vez lo sintió distinto. Tanto, que salió del túnel con la mano en alto y una sonrisa nueva iluminándole la cara, con el trote cortito de siempre pero otra sensación en la piel... “¿Sabés por qué? Porque esta gente me aplaudió siempre por alguna jugada, un gol, un título, pero ahora yo venía mal, lesionado, de perder la Supercopa. Y me recibieron igual, simplemente por cumplir 600 partidos en primera”.
Simplemente, dice el Bocha, Ricardo Enrique Bochini. Simplemente. Y enseguida siguió con lo que a él más le gusta, el fútbol, el juego, los logros. “Esto es importante, haber terminados primeros en esta rueda es fundamental. Veníamos de una tristeza grande, ahora confirmamos que somos el primer equipo de la temporada, porque futbolísticamente los superamos a todos...“ El hoy, el presente, la inmediatez. Apenas un susurro, como entre paréntesis, la voz del recuerdo. Su propia voz.
(Debuté el 15 de junio de 1972, contra River, en el Monumental. Reemplacé a Hugo Saggioratto y perdimos 1-0, el gol lo hizo Jota Jota López. El técnico era don Pedro Dellacha, uno de los que siempre me tuvo confianza... Después vino el debut en la Copa Libertadores. Fue en 1973, en el estadio Centenario y Maschio me puso en el tercer partido final contra Colo Colo: ganamos 2-1 en el alargue con gol de Giachello. Fue mi primer título, mi primera Copa... El triunfo nos permitió jugar la final de la Intercontinental contra Juventus. Fue el 28 de noviembre de 1973, hice el gol que nos dio el primer título mundial: arrancamos en la mitad de la cancha con Bertoni, hicimos una doble pared que me dejó solo frente a Zof y cuando me salió, la toqué de cuchara sobre su cuerpo. Es uno de mis mejores recuerdos...”)

Y la vuelta al presente. En el que el resto del plantel va pasando casi religiosamente por su eterno rincón del vestuario para besarlo en la frente y repetir el saludo de Felicidades. En el Chau Pepino (a Morales), en el Chau Lobito (a Lobo), se encierra todo un sentimiento paternal que se le escapa involuntariamente. “Lo que más me alegra de estos 600 partidos es que los cumplí en Independiente, un club que juega el fútbol que a mí me gusta, desde siempre. Es una identidad que sirve, entre los jugadores y la gente: con esa forma de juego llegaron todos los títulos. Lo único que yo hice fue interpretar bien lo que ellos querían”. Lo único, dice el Bocha, Ricardo Enrique Bochini. Lo único. Y en la simplificación también entra esto de ahora, la coronación de un gran año de Independiente: Campeón en mayo, ganador de esta etapa del Torneo, las mejores perspectivas para el futuro. Y aquello que sigue llegando del pasado, entre paréntesis...
(“Todos los campeonatos los viví con mucha emoción, pero si tengo que elegir uno me quedo con el que ganamos el 25 de enero de 1978, en la cancha de Talleres de Córdoba. Ibamos perdiendo 2-1 y estábamos con ocho jugadores. Cuando faltaban tres minutos, Bertoni me dio la pelota y yo se la entregué a Biondi. Vino la pared y la puntié hacia el arco. Fue el empate y el Campeonato Nacional ’77... Pero no fue la única: no me olvido de aquella noche de 1975 contra Cruzeiro, por las semifinales de la Copa. Teníamos que ganar por tres goles y se los hicimos... ¿Amigos inolvidables? Muchos, pero la mayoría son aquellos con los que empezamos, con los que compartí la pensión, las inferiores: Carrica, Saggioratto, Pogany. Y Bertoni, con quien nos entendíamos de memoria en cualquier lado, Carlitos Fren...”)

Por su carrera han pasado compañeros a montones; la camiseta fue inalterable, la misma que ve desde aquí al final. “¿Qué veo en el futuro? Primero, recuperarme. Después, ganar este campeonato. La Copa del ’90 va a ser rara, porque jugamos dos partidos con River y después paramos hasta agosto.Eso nos va a permitir tirarnos con todo al título. ¿Si voy a esperar la Copa para retirarme? Ah, no, eso no sé. Yo voy haciendo las cosas de acuerdo a como me levanto cada mañana...” Esta mañana de domingo se levantó bien, alegre, dispuesto a jugar a su manera mientras el físico le aguantara. Con el calor desbordándolo, le alcanzó para hacer cosas de las suyas: una cabriola en el aire, que terminó en un gran remate de Alfaro Moreno, algún toque lujoso. Poco pero suficiente. Era su tarde, aunque haya durado sólo 45 minutos. Una tarde para recordar, como ahora lo hace él, trayendo a la memoria grandes equipos, entre paréntesis...
(“Los mejores que integré los divido por ciclos. El de 1973/74, que ganó dos Libertadores, una Intercontinental y dos Interamericanas. Con Santoro y Gay en el arco; Commisso, López, Sá y Pavoni; Raimondo, Galván y Saggioratto; Balbuena, Bochini y Bertoni. También el de los Nacionales ’77 y ’78. Y el del período del ’82, hasta el ’84, con el Pato Pastoriza. Primero con Morete y Calderón arriba, después con Percudani y Barberón... La Selección de compañeros es más difícil, me custa dejar grandes jugadores afuera. Pero bueno, el equipo titular lo armaría con: Santoro, Clausen, Villaverde, Trossero, Pavoni; Giusti, Marangoni, Burruchaga; Alzamendi, Outes y Bertoni. El suplente con: Vargas; Commisso, Olguín, Delgado, Guillermo Ríos; Percy Rojas, Galván, Reinoso; Balbuena, Percudani y Barberón... ¿Mi gol favorito? Tengo varios: ese a Juventus en el ’73, la emboquillada contra Estudiantes en el ’84, el de la Liguilla contra Boca en el ’87. Pero uno solo: la apilada frente a Peñarol en la Copa del ’76.”)

Afuera lo esperaba una multitud, firmó los mil autógrafos de siempre, se fue entre palmadas. El partido número 600, un partido más. Para él, seguramente, el más importante será el próximo porque, como dijo, “no vivo de recuerdos”. La pelada rebelde, el físico endeble, la sonrisa tímida, la sencillez inalterable. El perfecto anti ídolo, vea, que se ha convertido en uno de los ídolos más grandes de todos los tiempos. A pesar suyo, gracias a su talento.




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