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Hablan dos genios.
El Gráfico - 11 de noviembre de 1986. Fragmento de una entrevista realizada por Jorge Barraza y Daniel Arcucci


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Ricardo Enrique Bochini y Hugo Orlando Gatti. Dos ídolos, dos nombres ya célebres del fútbol argentino. Se fueron de la cancha ovacionados unánimemente. El Loco y el Bocha, los símbolos.


Ahí, en el área del arco de la visera, se encontraron al final. Charlaron como habían jugado antes: con una sonrisa a flor de labios. De la tribuna bajaba, unánime, la ovación para los dos.

Se volvieron a encontrar después, en la enfermería del vestuario local. El secador de pelo del Loco zumbando, la voz del Bocha bromeando: “A nosotros no nos tendrían que hacer el control antidoping, tiene razón el Loco...”.

El Loco y el Bocha, Hugo Orlando Gatti y Ricardo Enrique Bochini. Por encima de los resultados, dos ídolos, dos ganadores, dos genios.

Salió como otras mil tardes o noches: sin su camiseta, con la de un rival (en este caso Passucci) anudada en su cuello, la cabeza gacha, la cara pálida e inexpresiva y envuelto en ese grito que ya es una bandera roja: “Bo-Bo-chini, Bo-Bo-chini”. Desde que se lo tragó el túnel hasta que lo recibió el vestuario y el rinconcito habitual volvió a escuchar las mismas frases de siempre: “Grande, Bocha”. “Bien, maestro”.

El maestro Bochini terminaba de dictar otra clase antológica y no se le ocurría un comentario que encajara mejor en su personalidad, en sus convicciones. Con su voz sin matices, bien serio, volvió a decir una vez más: “Se jugó bien”. Afuera, Avellaneda deliraba por el baile, por los cinco goles y él lo minimizaba por completo con el parco “Se jugó bien”. Lo que se dice un Bochini auténtico.

El gol de arranque nos benefició. Es cierto que Independiente salió con todo, pero hay veces en que uno está para hacer las cosas igual que hoy y no se da. Con Boca salen siempre partidos raros. La otra vez les ganamos en cancha de ellos 3 a 0 facilísimo, después vinieron acá y nos hicieron cuatro a nosotros, y ahora estos cinco goles.

Un agua mineral, el control antidoping, el encuentro fortuito con Gatti.

El Loco me pidió una camiseta para un pibe amigo. ¡Qué bárbaro! ¿no? Sacó como siete mano a mano. Menos mal que metimos el quinto, ese gol fue fundamental, decisivo. Cualquier partido se puede complicar y si después del 4 a 2 hacen un tercero, puede pasar cualquier cosa. Después del quinto ya fue una risa. Pero yo digo que hay que meter todos los goles que se pueda, siempre, y hoy era para diez goles.

Ya son las 19,45. El vestuario está desolado, apenas él acomodándose una vez más el pelo antes de salir. Afuera hay aún unos cien fanas esperándolo. Pero nunca hay apuro para hablar de fútbol en Bochini. Y para dejar algunas sentencias. Del título todavía no se puede ni hablar... Reinoso es el mejor volante de Independiente, lo vengo diciendo desde cuando erraba goles. La gente critica porque no ve bien el fútbol, el que erra goles es porque está ahí, porque los busca... Estoy levantando, pero tuve partidos buenos, con Temperley, con River, con Newell’s... Ese día tuve que salir por un tirón justo cuando estaba para hacerme un pic-nic, estábamos 3 a 1 y ellos se iban adelante... ¿Cómo me siento? Bien, bien, con ganas de jugar, pero de jugar bien, para adelante, tocando, gustando, buscando ganar, todavía tengo para un rato...

Jugar, gustar, ganar. Un Bochini auténtico.




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